Lugar secreto

Lugar SecretoCuentos para niños.  Editorial Norma, Guatemala.  2008.
De la contraportada: “Existe un lugar que está en todas partes, pero hay que saber encontrarlo.  Allí brilla un sol de colores y cabalgan caballitos de magia.  ¿Dónde está?  ¿Dónde estará?  Solo volando en el botecito del amor lo encontrarás…  Así que te invito a jugar, a soñar y a buscar en estas aventuras llenas de ternura”.










En este libro:

La maestra Laura

Una mañana, llegué antes que todos a la clase y, cuando abrí la puerta, vi entrar volando en una escoba vieja a la maestra Laura.  Ella nos enseñaba Ciencias y Matemáticas.  ¡Ahora sabía por qué le gustaban los salones con ventanas anchas!  También, por qué los números parecían encantamientos incomprensibles para mí…

Me quedé sin hacer ruido detrás de la puerta y miré con asombro que se quitaba un sombrero y una capa grande que se volvía pequeñita y que guardaba en el estuche de sus anteojos redondos.  Ese día había llevado a mi sapito Federico a la clase.  Mi abuela lo había atrapado en el jardín el fin de semana y llevábamos casi una semana de ser amigos inseparables.  El pobre, aburrido de estar entre la bolsa de pecho de mi blusa, se salió de un brinco y caminó hacia la bruja convertida ahora en la linda maestra Laura de todos los días.  Ella no se asustó.  Recogió a Federico del suelo y se dirigió hacia mi escondite…

No sé cual de los dos corazones latía más fuerte, el de Federico o el mío.  Creo que esta mascota es tuya, Sofía, me dijo, al tiempo que me descubría detrás de la puerta.  Yo no pude contestar.  Antes de devolvértelo, quiero que me permitas darle un beso.  Desde hace tiempo ando buscando a mi príncipe encantado que está convertido en sapo…  Diciendo y haciendo, le puso un beso diminuto en la boca a Federico.

Casi me desmayo cuando observé con horror que la maestra se había convertido en un sapo al lado de mi mascota.  El timbre de las ocho anunciando el inicio de clases sonó con fuerza.  Los tomé a ambos con cuidado y los puse en una pecera vacía que encontré en el salón.  Federico estaba encantado con la compañía.  Mis compañeros llegaron con el bullicio de siempre.  Les hice el anuncio y se pusieron felices de saber que ese día no tendríamos clases de Ciencias ni de Matemáticas.  Hoy, la maestra Laura está indispuesta, me llamó por teléfono y me encargó que cuidemos mucho a mis dos amigos del proyecto de Ciencias…