Pavesa: poesía es libertad

Hace algunos años, escuché cantar a mi hija un verso: «vendrá la muerte y tendrá tus ojos».  Sorprendida, indagué por la canción.  Es de Calamaro, me dijo, el cantautor argentino que convierte tangos al ritmo del rock.  Pensé que a Pavese le hubiera gustado atisbar esta época y escuchar a los jóvenes cantar su poesía, al compás de los acordes de los tiempos.  ¿Qué queda de Cesare Pavese después de la muerte?  Lo que quedó de Celán, de Maiakovski, de Plath o Pizarnik, quienes también escribieron sus últimos versos al tono de los latidos postreros. 

La poesía es la intuición de la esencia del universo. Así, Pavese se yergue en lo cotidiano y se transporta hacia latitudes iniciales en el tiempo, desde donde regresa con el eterno retorno y la identidad redimida en los ojos, no los de la muerte, sino los de la eternidad.    Hacer poesía le permitió la liberación que él tanto ansiaba.

En 1949, Pavese escribió su famoso ensayo Poesía es libertad.  Un año más tarde, consignó en su diario: «Estamos en el mundo para transformar el destino en libertad…»   Las ideas se aclaraban resueltamente en su interior: «la poesía no es un sentimiento, sino un estado; no un entender, sino un ser».

El poeta que le cantó a la vida con tanta vehemencia sabía que esta se acaba.  Que su fragilidad es la del cristal.  La posibilidad infinita lo agobiaba.  Y parte del signo de Pavese estaba marcado por esa debilidad.  La seducción de la muerte como último acto de creación lo cautivó desde muy temprano.  La necesidad de definir la vida, de reflexionar en torno al camino recorrido, desembocó naturalmente en la espera de la propia muerte, con todo y la imagen de su mirada, para afirmar su postura animista ante la vida.    Al afirmarse, tanto en la vida como en la muerte, Pavese puso de manifiesto sus valores fundamentales, condensados en la libertad y la búsqueda. 

Al hacer el recuento de los daños, Pavese recorrió su Turín amado y las colinas de su infancia: encontró júbilo y nostalgia, compañía y soledad, paz interior e intuición del final.  Visión que cada vez, con más urgencia, se tornó en certeza, como lo afirma su poema Last blues, to be read some day:


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Era apenas un galanteo,
y seguramente lo sabías:
alguien fue herido
hace mucho tiempo.

Todo está igual,
el tiempo ha pasado:
un día llegaste,
un día morirás.

Alguien murió
hace mucho tiempo:
alguien que lo intentó,
pero no supo hacerlo.